[ENTREVISTA Y2K] JULIA RISLER, autora del libro “Acción Psicológica: Dictadura, inteligencia y gobierno de las emociones”

Publicado por el 23 agosto, 2019 15:50
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¿Qué te llevó a escribir el libro “ACCIÓN PSICOLÓGICA: Dictadura, inteligencia y gobierno de las emociones”? ¿Por qué elegiste ese tema? ¿Qué te apasiona de él?

El libro surge de una investigación de doctorado que realicé entre 2009 y 2014 con una beca provista por la Universidad de Buenos Aires. Interesada en relevar los mecanismos de construcción de consenso en los regímenes dictatoriales, me focalicé en la última dictadura argentina y en la estrategia de acción psicológica devenida en estrategia psicosocial durante el período.

El tema es apasionante porque echa luz sobre una estrategia castrense escasa o nulamente trabajada y reconocida: el interés del régimen por sondear y conocer la opinión pública a fin de tejer estrategias comunicacionales orientadas a conducir conductas, regular valores y actitudes y generar mecanismos de adhesión y participación de la sociedad.

 

El libro cubre un período histórico de casi 30 años (1955-1981) ¿A qué se debe esa selección? ¿Por qué no llega a 1983 o por qué no se remonta a 1930, con la primer dictadura?

En la investigación reconstruyo la estrategia de acción psicológica (sus métodos, objetivos, sustentos y organigrama de despliegue) y me remonto hasta los años cincuenta por dos razones:

En primer lugar, porque la genealogía de la doctrina de acción psicológica local (técnica castrense de histórica utilización por parte del poder militar) se remonta hasta ese período. En 1958 el coronel del Ejército Jorge Heriberto Poli publica el libro “Acción psicológica. Arma de paz y de guerra” y en 1968 el Ejército elabora el primer reglamento sobre el tema, durante la dictadura de Onganía.

Durante ese período se fortalece esta herramienta creada para influir sobre el “campo psíquico” o sobre las “mentes sociales”, y es considerada una operación complementaria a las principales de carácter represivo y político. La acción psicológica está basada en la obtención de información y su principal técnica es la propaganda. Su desarrollo se da en el marco de la guerra fría, donde las fuerzas armadas de los países centrales interpretan el conflicto en términos de lucha entre una concepción de vida “democrática-capitalista” y otra “totalitaria-comunista”. Eso en el marco de una hipótesis de “conflicto permanente”, donde la población emerge como una amenaza y los métodos de lucha ya no son los convencionales: la “lucha ideológica” resulta vital y se despliega en todos los ámbitos del quehacer gubernamental. La doctrina local recibe la influencia de la doctrina francesa, sobre todo en lo concerniente a la concepción de la población como sujeto de control, y de la doctrina norteamericana, que aportó las teorías conductistas y de masas, y los presupuestos de la psicología social.

Y, en segundo lugar, porque desde fines de los años cincuenta, la defensa nacional queda subordinada al mantenimiento de la seguridad interna, una tarea atribuida a las Fuerzas Armadas. Hay que recordar que en 1957 Argentina adopta la Doctrina de guerra revolucionaria francesa, en donde la principal hipótesis de conflicto está centrada en un “enemigo” mezclado entre la población. Y en 1958 Frondizi aprueba el Plan Conintes o de conmoción interior que refuerza la figura del “enemigo interno”. Además, al rol creciente de las Fuerzas Armadas en el mantenimiento de la seguridad interna, se suma el progresivo protagonismo de los organismos de inteligencia, con la creación de la Dirección de Inteligencia de la policía de la provincia de Buenos Aires (DIPBA) en 1956, y el fortalecimiento de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE).

Ya en dictadura, tomo el período 1976-1981 porque se mantuvo estable el elenco conformado por el presidente de facto Jorge Rafael Videla, el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz y el ministro del Interior Albano Harguindeguy, tres personajes clave, también, en lo referido al despliegue de la estrategia de acción psicológica. Videla, junto a la Junta Militar, conformaron el órgano central que reguló la estructura y funcionamiento de la acción psicológica, y tuvieron bajo su órbita a la Secretaría de Información Pública (SIP) responsable del ciclo de información pública. Harguindeguy, por su parte, lideró el Ministerio del Interior hasta el final del mandato de Videla, institución desde la cual se elaboró inteligencia estratégica en materia de seguridad nacional y orden público, insumo esencial al momento de diseñar campañas de propaganda y comunicación. Finalmente, si bien el Ministerio de Economía comandado por Martínez de Hoz no formó parte del organigrama que reguló la implementación de la acción psicológica, él, como figura individual, tuvo un rol clave en la digitación de una política comunicacional orientada a “limpiar” la imagen de la Argentina en el exterior para favorecer la llegada de inversiones.

 

¿Cuáles serían a tu entender los principales aportes y hallazgos de esta investigación?

Pienso que esta investigación aporta en el reconocimiento de una dimensión productiva que actuó en forma paralela, permanente y complementaria a la represiva, y que tuvo por objetivo la regulación del comportamiento de la población, a través del control de la información difundida en los medios masivos de comunicación y el sondeo periódico de la opinión pública que era intervenida a través de campañas de propaganda.

 

¿Qué elementos de las estrategias de comunicación y acción psicológica de las dictaduras percibís que se replican o mutan en el período democrático? ¿En qué modo lo hacen?

La dictadura tuvo un vínculo cercano con las agencias de publicidad más importantes de la época, contrató a agencias de investigación de mercado para que realizara encuestas entre la población sobre temas específicos, y apeló a las herramientas del marketing político (el cuidado de la imagen pública de sus principales referentes, de su imagen internacional, la comunicación de las políticas de gobierno y del accionar militar en la “lucha contra la subversión”) para construir un relato acerca de lo que ellos denominaban el “proceso de reorganización nacional”, el cual apuntaba a la “refundación” de la Nación argentina, con el eje puesto en la “restitución del orden perdido”, la “vuelta a la normalidad”, la “recuperación de los valores del ser nacional”, la “defensa de la soberanía” y la “exaltación de los valores patrióticos y nacionalistas”, entre otros.

 

A juzgar por la visión “duranbarbiana” de la política actual, nos encontramos en un realidad establecida ya por Edward Bernays en su libro Propaganda (1928), según el cual la democracia no es sino un escenario para la manipulación de la opinión pública por parte de una reducida élite. ¿Crees que es así? ¿Cómo se podría modificar un panorama semejante?

Creo que esa es una versión muy maniquea y poco fiel, aunque un buen inicio para comenzar a problematizar la cuestión (y el documental de Bernays, sobrino de Sigmund Freud, es muy recomendable!). Los poderes nunca son totalizantes, aunque sí hegemónicos. Y lo interesante de mostrar la tremenda organización burocrática que hubo detrás del despliegue de la acción psicológica durante la dictadura, es justamente poder analizar en producción (poniendo el foco en el régimen militar) tanto objetivos, como sujetos o zonas de impacto y metodologías utilizadas. Lo que ahí se nota es el interés por “conducir conductas” por parte de la dictadura, y a su vez los continuos obstáculos a los cuales se enfrenta ante los cambios en el estado de ánimo de la opinión pública. Paralelo a esto, muchos investigadores se han concentrado en relevar las estrategias de resistencia, los puntos de fuga, las propuestas contrahegemónicas y disruptivas que se dieron durante el período dominado por el terrorismo de Estado.

 

Hay toda una trama de ingenieria social de la que no se habla mucho cuando se analiza la ultima dictadura. Es decir, un complejo de secretarias de información pública y espionaje para la medición y control de la opinión pública que implicaron según tu investigación hasta múltiples sondeos y encuestas de opinión pero también una estricta coordinación con los medios de comunicación de ese entonces para instalar la idea de total normalidad. Este nivel de coordinación llegaba hasta las revistas del corazón, con Editorial Atlantida a la cabeza. ¿Existe un equivalente actual a este entramado? ¿O se trata de redes más descentralizadas?

No te sabría decir. Pero creo que no podemos pensarlos como bloques cerrados, hay múltiples intereses políticos, incluso dentro de los mismos partidos, y los medios de comunicación son también actores políticos con intereses coyunturales que negocian con el poder de turno pero también pueden convertirse en tremendas oposiciones. Creo que lo interesante sería analizar casos puntuales ya que las generalizaciones tienden a ser sesgadas y poco reales, los niveles de ambigüedad y los mecanismos de negociación que estos actores despliegan obligan a un análisis en coyuntura y a partir de casos específicos.

 

Viniendo hacia estos días ¿Crees que la llegada al poder de Cambiemos en Argentina es la consumación de esa coordinación, el big data del Estado usado para focus group y manipulación de la opinión pública?

No se si pensarlo como algo lineal, aunque está claro que este gobierno ha sofisticado los mecanismos de convencimiento apelando a lo emocional fundamentalmente, y a partir de la información provista por las redes sociales y focus group.

 

Siguiendo en este sentido ¿Qué te imaginás para las próximas décadas?

Algo que me preocupa en relación al tema es el decreto que se aprobó el año pasado y que habilita a las Fuerzas Armadas a realizar tareas de seguridad interna, eliminando sin debate legislativo la separación entre seguridad interna y defensa nacional, establecida desde el retorno democrático en 1983. Sumado a eso, en 2017, y por resolución del Ministerio de Defensa, se autorizó a las Fuerzas Armadas a desarrollar tareas de inteligencia interna. Esto es un contexto donde se delinean perfiles sociales (migrantes, pueblos originarios) signados como “nuevas amenazas” en las actuales hipótesis de conflicto.

 

Además, en tu background está Iconoclasistas, un colectivo de mapeo y cartografía crítica, hemos publicado en otro sitio una nota con ustedes sobre el proyecto que salió en el libro Agitese antes de usar (https://medioextremo.com/2017/10/03/iconoclasistas-conocimientos-colaborativos). En qué sentido el mapeo fue, es y seguirá siendo una herramienta clave para entender el poder del humano sobre el territorio?

El mapeo es una herramienta clave para construir relatos colectivos sobre el territorio a partir de los saberes populares, experienciales y con mirada transformadora. Creo que es una herramienta a mano de los sectores movilizados, de los movimientos sociales y de cualquiera que precise construir un diagnóstico participativo sobre las fuerzas dominantes que configuran un territorio en particular (llámese barrio, ciudad, institución, comunidad, cuerpo, etc), como así también visibilizar las redes de solidaridad y actuación de las que disponen.

 

Hablando de mapas escritos y big data, Durán Barba decía hace poco: “Las redes sociales no enriquecen el debate porque no están para debatir. Nada más torpe que el Twitter, una fuente de mensajes fanáticos de tipos que se insultan. No sirve para nada. Las redes sirven para comprender a la gente, para analizar de qué están hablando, para preguntar más que para difundir propaganda. Internet no se hizo para pensar, para reflexionar. Herramientas de comunicación, sí son. Te permite con esa odiosa palabra yanqui, “targetizar”, direccionar el mensaje a grupos de tal tipo. Sirven para estudiar la sociedad, pero no para reflexionar”.

Creo que las dos cosas son reales, las redes sociales son plataformas tecnológicas y afectivas donde depositamos espontáneamente mucha información acerca de lo que pensamos, sentimos y actuamos, información que luego es analizada y redireccionada para el desarrollo de campañas comerciales o políticas. Pero, como toda tecnología, también porta esta ambigüedad de poder ser utilizada para conectar, encontrarnos y difundir un mensaje o una información específica. Lo que dice Durán Barba es sólo la confirmación del uso que él le da a estas tecnologías, pero, como es obvio, no es el único modo de emplearlas.

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